2.6.07

El sentido del amor (II)

Ya sabemos, por aproximación, cómo el amor tiende a llenarse del otro, a comprender en su esencia profunda la realidad del otro. Pero, ¿es suficiente esa presencia del ser amado en nuestra mente, en nuestro corazón?, ¿no nos falta algo, una especie de "segunda parte", de envés de la hoja, que una la "idea" figurada en nuestra mente con la realidad?

Ese llenarse del otro, esa presencia permanente y plena requiere de un "vaciarse por el otro", es decir: una expresión clara de ese amor. A cuántas personas queremos y no se lo hemos expresado aún: con un gesto, con una palabra, con un servicio...

El amor, sin su expresión concreta, pierde su sentido y se acomoda en la mente, de forma, hasta cierto punto, egoista: podrá querer el bien del otro, sí, pero no lo expresas. "¿De qué me sirve que me quieras, si no me lo demuestras?", "¿Sirve para algo y tu amor por mí, si tus hechos me dicen lo contrario?"

Un amor que no lleva aparejada una expresión del mismo permanece ignoto, oculto, edulcorado en nuestro interior y, como todo lo que no sale fuera, reducido al autoconsumo. Un sentimiento de plenitud del otro y de captación de la realidad del otro exige sacarlo fuera, no solo con palabras de amor, caricias, o gestos sencillos que expresen la importancia que el otro tiene para nosotros... sino también, con una actitud de servicio, de alerta permanente ante las necesidades del otro, incluso, y aquí viene la verdadera prueba del amor, de actitud de sacrificio por el otro. "No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos".(Jn 15, 13)
aa
Amor, sí, pero amor expresado. ¿De qué sirve amar si no lo demostramos?