11.5.07

Alegría

Si buscamos en el Diccionario, la primera acepción de la palabra es: Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. La alegría, pues, es un sentimiento, algo que sucede en nuestra estructura neuronal, en nuestro neocórtex, en nuestro corazón, en nuestra alma (según queráis), y que se resume en una sensación de plenitud. La alegría es algo más que placer o halago sensorial: es la sensación de tener las alforjas llenas de vida, de trascender.

Un chiste es humor, no es exactamente alegría. Alegría es el poso que queda detrás de la carcajada, la sensación que te invade ante una expectativa. Por eso, queridos amigos del blog, la alegría está unida a la esperanza. Estamos alegres cuando viene alguien querido a vernos, o nos da una sorpresa, cuando una persona nos marca un horizonte que vemos que puede llegar, cuando nos sentimos queridos, respetados, valorados. También sentimos esa alegría íntima cuando amamos, cuando entregamos algo para que otros sean felices, cuando vemos la sonrisa del agradecimiento en la cara de otro.

Cuántos jóvenes no han encontrado aún, o incluso han perdido la alegría. Ya no esperan nada de la vida: desengaños, frustraciones, abusos, incomprensiones, decepciones, fallos, algún error... La alegría, sustento de la vida plena, debe volver a brotar en ellos. Tenemos que recomponer urgentemente la esperanza en los desesperados. Hay que reconstruir el futuro para los que creen no tenerlo. Sin esperanza no hay alegría. Debemos, por tanto, ofrecer esperanza a los que nos rodean; demostrar que el ser humano es bueno por naturaleza, es capaz de superarse, de dar y recibir amor, y tiene miles de motivos para mirar al futuro.