Sembradores
Hoy celebramos de forma familiar, íntima, los trece años de este proyecto llamado Sant Yago. Si hay que poner un adjetivo, ¿qué diríais? Para mí han sido trece años plenos.
Y tras esos trece años, ¿dónde estamos ahora? Cuando se analiza la realidad, es preciso hacerlo desde nuestros valores, desde el fundamento de los que somos, y somos personas que hacemos felices a los demás. ¿Es esto cierto, en una sociedad egoísta hasta el extremo, que solo se preocupa de sí misma?, ¿es eso cierto, el 23 de noviembre de 2007, con la misma intensidad que el 11 de noviembre de 1994?
Los más de 450 niños y jóvenes que han pasado por aquí tienen una semilla en su corazón, que alguna vez algún educador, como los que aquí hoy estáis sentados, sembró en ellos. Por eso, hoy más que nunca, como sembradores, los scouters deben tener las manos limpias y el corazón puro. El grupo no es una suma de personas, sin más; Sant Yago es una experiencia educativa que se basa en lo más profundo de la persona, es decir, en la lealtad, la abnegación y la pureza, tres palabras proscritas por las que hoy te pueden meter en la cárcel de lo políticamente correcto.
Lealtad, abnegación y pureza que se tienen sus raíces en el sacrificio. Un scouter que no es capaz de sacrificarse, es decir, de sustituir el yo por el tú en su escala de valores, es como la casa de los tres cerditos que uno de ellos construyó de paja.
Un scouter que, sacrificándose y dando lo mejor de sí, se jacta de su esfuerzo, se queja de su exceso de trabajo o de "lo malos que son los demás" construye, sí, pero una casa de barro, que la riada se lleva aunque tarde un poco más, pues la permanente queja hace de él un esclavo del reconocimiento.
Tan solo el scouter que siembra mirando al sol de cara, que camina con esfuerzo sabiéndose acompañado por Dios y con el criterio firme de la ley scout, logrará que su casa no se derrumbe, y más aún, en ella dará cobijo a los que, un día, entregó la semilla de la humanidad verdadera, la semilla del amor, una semilla que muere para que otros vivan, una semilla que convierte despacio, pero inexorablemente a sus chicos en "personas para los demás", a quienes el mundo, hoy, tanto necesita.
Feliz aniversario.
Y tras esos trece años, ¿dónde estamos ahora? Cuando se analiza la realidad, es preciso hacerlo desde nuestros valores, desde el fundamento de los que somos, y somos personas que hacemos felices a los demás. ¿Es esto cierto, en una sociedad egoísta hasta el extremo, que solo se preocupa de sí misma?, ¿es eso cierto, el 23 de noviembre de 2007, con la misma intensidad que el 11 de noviembre de 1994?
Los más de 450 niños y jóvenes que han pasado por aquí tienen una semilla en su corazón, que alguna vez algún educador, como los que aquí hoy estáis sentados, sembró en ellos. Por eso, hoy más que nunca, como sembradores, los scouters deben tener las manos limpias y el corazón puro. El grupo no es una suma de personas, sin más; Sant Yago es una experiencia educativa que se basa en lo más profundo de la persona, es decir, en la lealtad, la abnegación y la pureza, tres palabras proscritas por las que hoy te pueden meter en la cárcel de lo políticamente correcto.
Lealtad, abnegación y pureza que se tienen sus raíces en el sacrificio. Un scouter que no es capaz de sacrificarse, es decir, de sustituir el yo por el tú en su escala de valores, es como la casa de los tres cerditos que uno de ellos construyó de paja.
Un scouter que, sacrificándose y dando lo mejor de sí, se jacta de su esfuerzo, se queja de su exceso de trabajo o de "lo malos que son los demás" construye, sí, pero una casa de barro, que la riada se lleva aunque tarde un poco más, pues la permanente queja hace de él un esclavo del reconocimiento.
Tan solo el scouter que siembra mirando al sol de cara, que camina con esfuerzo sabiéndose acompañado por Dios y con el criterio firme de la ley scout, logrará que su casa no se derrumbe, y más aún, en ella dará cobijo a los que, un día, entregó la semilla de la humanidad verdadera, la semilla del amor, una semilla que muere para que otros vivan, una semilla que convierte despacio, pero inexorablemente a sus chicos en "personas para los demás", a quienes el mundo, hoy, tanto necesita.
Feliz aniversario.
Carlos Ongallo
(discurso en la Cena de Scouters del 13 aniversario, 23.11.2007)








