4.7.06

El mar de la tranquilidad

Llega el verano, y con él, decenas de proyectos y buenas intenciones. El descanso aparece a lo lejos como un bien deseado y deseable. Pero no siempre acertamos con nuestra "idea" de descanso, y caemos en la aceptación incondicional de lo que otros nos proponen (ruidos, desvíos del camino, pasatiempos poco creativos...), o nos sumergimos en el consumismo exacerbado (comidas, cenas, helados, bares,...).

Os propongo cinco pasos para sumergirnos estos días en el mar de la tranquilidad, de la paz del espíritu, y de un verano que sea verdaderamente relajado sin dejar de ser creativo.
  1. ABRETE A TU INTERIOR: Disfruta de cosas tan sencillas como tu respiración, tus sentimientos, tus sensaciones hacia el mundo (en especial, tu percepción de la naturaleza). Descubre lo que te estás perdiendo por vivir a tope con tu epicentro vital desde fuera. Deléitate en un pájaro que se posa miedoso cerca de ti, o ante el devenir silencioso de una nube... siéntete parte de la naturaleza, sencillo como una pluma de ave y vivo como una hoja provocada por el aire.
  2. MIRA AL HERMANO: Observa a la gente que pasa por tu camino, por tu calle, por tu propia casa. Regálales una sonrisa, una mirada de atención, de compasión, de apoyo o de ánimo. Busca la tranquilidad de estos días en la paz que los otros pueden ofrecerte. No les maltrates con tu prisa, tus respuestas preconcebidas o tus ganas de quedar bien. Dales lo mejor que tienes: tu silencio, tu mirada, tus brazos que ayudan... "Lo que recibisteis gratis, dadlo gratis" (Mt 10, 8). Regala tanto bueno como has recibido, y de este modo la paz se irá adueñando, poco a poco, de ti y de los tuyos. Las largas tardes de verano son un reflejo de lo que le cuesta al sol abandonar a la tierra. Ofrece a los tuyos lo mejor de "tus atardeceres" (tu reposo, tu alegría, tu sosiego...).
  3. HAZ EJERCICIO FÍSICO: Camina, corre, juega a tu deporte favorito, suda, cánsate, ríe, sufre y mantén tus músculos en tensión. Elige un deporte en el que te sientas a gusto. Prácticalo con alguien: un paseo por las tardes de verano, un partido de tenis, un poco de natación... Tu mente te lo agradecerá mucho más que tu cuerpo, cansados ambos del curso que termina.
  4. HAZTE AMIGO DE UN BUEN LIBRO: O de dos, o de tres... aprende a redescubrir esos libros que ya habías leido hace años y te dejaron tan buen sabor... Relee, o, si lo prefieres, embárcate en nuevas lecturas que te ayuden a crecer, a conocer mejor la realidad, a valorar la belleza, a disfrutar de una obra bien escrita, de una historia sabiamente contada o de una experiencia que te haga pensar hondamente.
  5. DA GRACIAS: Da gracias por todo lo que te ocurra cada día, cada hora, cada minuto, cada encuentro fortuito. Encuentra tu propia paz en el agradecimiento. Las gracias reconcilian al hombre con la vida, por eso el agradecimiento está a la misma altura moral que el arrepentimiento. Con este, la vida se supera a sí misma para volver a ser persona, con aquel, la vida se proyecta, como la luz de un faro, a todos. Da las gracias, sí, incluso sin motivo.

Una vez llegues al apacible mar de la tranquilidad, estarás en condiciones de hacer frente a todo tipo de problemas, que, sin duda, vendrán; y les harás frente manteniendo en paz tu corazón, por mucho que rujan las galernas, o que la tormenta perfecta te deje a un suspiro del naufragio...

¡Ah! Se me olvidaba: el mar de la tranquilidad está en tu corazón. Cuando vivas en él, todo lo "exterior" te parecerá diferente. Mirarás la vida con los ojos de la paz.